La Biblia desde el siglo XXI

Las peripecias de los dos clavos

03.12.2020 00:00
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Sobre este tema de los posibles clavos usados en la crucifixión de Jesucristo ya hemos comentado las dos dudas que los análisis técnicos pueden clarificar: que ciertamente son clavos utilizados en una crucifixión, y que son los mismos que en 1990 se encontraron en la tumba del sumo sacerdote Caifás; uno en su osario, y otro en el suelo de la tumba. Continuaremos con las razones por las que estos clavos fundamentan la historicidad de la Biblia en lo concerniente a la crucifixión de Jesús.

Los análisis técnicos mostrados en el documental "Los clavos de la cruz" dejan muy claro que los clavos que despertaron el interés del periodista Simcha Jacobovici fueron usados en una crucifixión. Pero cual haya sido esa crucifixión es algo prácticamente imposible de aclarar. Supongo que una película de “historia-ficción” podría presentar análisis de ADN de posibles restos de sangre encontrados en los clavos, y compararlos con restos biológicos hallados en la Sábana Santa. Pero eso no sería más que ficción. La realidad es que no podemos contar con evidencias científicas que relacionen los clavos con la crucifixión de Jesucristo.

 

Lo que sí se puede hacer es analizar las circunstancias de la aparición de los clavos para ver hasta dónde se pueden encadenar razonamientos sensatos. En el fondo, esto es lo que solemos hacer en la vida cotidiana con bastante acierto.

Pongo un ejemplo: Si poco antes de irme a la cama encuentro un billete de 50€ en el pasillo de mi casa, no me es preciso buscar huellas en el billete, ni realizar análisis de posible ADN para llegar a la conclusión de que se le ha caído a mi esposa, pues: 1) En los últimos días no he tenido visitas en casa, 2) esta mañana no estaba el billete en el suelo, 3) mi hija sí ha estado, pero no suele llevar dinero en efectivo, se las apaña con tarjeta y Bizum, 4) Mi esposa y yo somos los únicos en la familia que sí solemos llevar dinero en efectivo 5) Yo acabo de comprobar que tengo en mi cartera los 200€ que saqué del cajero esta mañana. Conclusión: Los 50€ se le han caído a mi esposa. 100% de seguridad, sin mayores análisis técnicos.

De forma similar podemos proceder respecto a estos clavos. La cuestión básica es conocer el lugar donde aparecieron. En el ejemplo de los 50€, de no haber encontrado el billete en el pasillo de mi casa me hubiese sido imposible encadenar las reflexiones que me llevaron a la conclusión. Por eso era tan importante para Simcha Jacobovici y Aryeh Shimron constatar que los clavos que analizaban eran los mismos que se encontraron en 1990 en la tumba de Caifás. Y es que Caifás, el sumo sacerdote en los tiempos de la crucifixión de Jesús, es el vínculo entre esos clavos y la crucifixión de Cristo. En el fondo, ese simple argumento es el que más convence a Jacobovici, tal como expresa al final de documental: “Quizás era de alguien más que fue crucificado [los clavos], pero en términos históricos sólo asociamos a Caifás con un hecho: la muerte de Jesús”.

Pero que el único acontecimiento histórico conocido de Caifás sea la crucifixión de Jesús (y el interrogatorio de Pedro y Juan tras la resurrección de Cristo) me parece poco fundamento de apoyo para la historicidad de la Biblia. Creo que unas cuantas reflexiones sobre las posibles circunstancias que desembocaron en la introducción de los clavos en la tumba de Caifás aportan más fundamento a la historicidad de la crucifixión de Jesucristo. Incluso suponiendo que los clavos metidos en la tumba de Caifás no fuesen realmente los de la crucifixión de Jesús.

 

Acabaré explicándome, pero antes quiero comentar un detalle que olvidé incluir en el post anterior. Me refiero al hecho de que en 1990 se encontrase un clavo dentro del osario y el otro fuera. Para los argumentos que veremos puede parecer chocante que los clavos no fuesen colocados juntos dentro del osario.

Primero aclarar que no es extraño que en unas excavaciones aparezcan clavos. El Profesor James Tabor, de la universidad de Carolina del Norte, explica al inicio del documental que en las excavaciones por la zona de Jerusalén suelen encontrar hasta una docena de clavos al día. Pero también añade que es mucho más raro encontrarlos en una sepultura. Es lógico que se empleen clavos para sujetar puertas, ventanas y otros elementos de madera, pero en una sepultura no es muy común contar con tal tipo de elementos. Aunque no es descartable encontrarlos, pues pudieron ser necesarios para montar elementos de sujeción y acabar por los suelos una vez la madera se pudre, o simplemente por haberse extraviado en su momento. Ahora bien, en este caso es preciso descartar esta posibilidad, porque uno de los clavos estaba dentro del osario, lo cual indica que no acabó allí por accidente. El clavo encontrado en el suelo sí podría haberse extraviado accidentalmente, pero no así el que estaba dentro del Osario.

Y aquí viene la necesidad de aclaración: ¿Qué sentido tiene que se encuentre un clavo dentro del osario, y otro fuera, en el suelo? (Recuerda: El estar dentro del osario es prueba indiscutible de intencionalidad para colocarlo dentro, y el estar en el suelo indica más bien accidente fortuito).

Una vez constatado por los expertos que los clavos se utilizaron en una crucifixión, el que al menos uno de ellos se encuentre dentro del osario de Caifás indica que “alguien” del siglo I DC quiso expresamente que ese clavo acompañase a Caifás tras su muerte. Pero el otro, ¿por qué estaba en el suelo? No tiene sentido que de forma intencionada se colocase en el suelo ese segundo clavo. Me inclino a pensar que “accidentalmente” cayó cuando fueron trasladados desde la zona de cuerpos amortajados a la zona de conservación de los huesos.

En este punto conviene recordar las costumbres funerarias que tenían los judíos en el siglo I. En Wikipedia lo explica en el artículo sobre los osarios. Resumo: A los difuntos, tras ser amortajados y ungidos, se les colocaba inicialmente en una cámara en espera de que las partes blandas del cuerpo se descompusiesen. Tras uno o dos años, cuando sólo quedaban los huesos, estos eran recogidos, depositados en los osarios y colocados en otra zona de la tumba.

En el caso que nos ocupa, si ese “alguien” que antes mencioné quería que los clavos acompañasen a Caifás, debió colocarlos junto a su cadáver durante la sepultura del cuerpo aún incorrupto, cuando fue colocado en la zona de cadáveres en espera de descomposición. Una vez descompuesto el cuerpo sólo quedarían los huesos de Caifás y los clavos que se colocaron junto al cadáver. Y es de suponer que en la tarea de recoger los huesos y meterlos en el osario, también recogieron y metieron los clavos. O al menos eso pretendieron, pues es muy posible que fuese en ese momento cuando uno de los clavos quedó por los suelos por olvido o caída accidental.

Así, pues queda claro que inicialmente, tras la muerte de Caifás hubo la intención de que le acompañaran dos clavos de un crucificado,... quizás Jesús,... quizás algún otro. Sobre esa intención cabe reflexionar, lo cual haremos en el siguiente post.

 


Nota: Recordad que he sacado a colación este documental sobre los clavos encontados en la tumba de Caifás porque  recientemente especialistas de la Universidad de Tel Aviv (Israel), han publicado en la revista científica 'Archaeological Discovery', una contraverificación de las conclusiones que se sacaron en 2011. 

En este enlace puedes acceder a dicho informe en la revista científica "Archaeological Discovery"

Y en este otro enlace puedes visualizar el documental "Los clavos de la cruz"


 

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