La Biblia desde el siglo XXI

Los clavos de la tumba de Caifás

18.11.2020 00:00
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En el anterior post sobre este tema sólo nos centramos en el hecho de que los clavos localizados por Simcha Jacobovici en el laboratorio del antropólogo forense Dr. Israel Hershkovitz se usaron en una crucifixión. Dejamos pendiente de comentar las pruebas de que esos clavos son los mismos que en 1990 aparecieron en el osario de Caifás y en el suelo de la misma sepultura.  También quedó pendiente cuestionar si la crucifixión en la que se usaron los clavos fue la del mismo Jesucristo.

Habida cuenta que el enlace entre los clavos y la crucifixión de Jesús es el osario de Caifás, importa asegurarse que los clavos que Israel Hershkovitz tenía en su laboratorio realmente eran los que aparecieron en el osario y en el suelo de la tumba de Caifás en 1990. Este fue el otro reto que el geoarqueólogo Aryeh Shimron consiguió superar para satisfacción de Simcha Jacobovici.

¿Cuáles fueron los hechos que pudieron comprobaron y qué les aportó certeza de que los que tenían entre manos eran los mismos clavos aparecidos en 1990 en la tumba de Caifás? A continuación los enumero:

1) Presencia de “colada” en los clavos. La colada es un producto parecido a la estalactita que se forma cuando el agua corre por entornos similares a los de las cuevas. Esto confirma que esos clavos estuvieron en alguna tumba o cueva. Aunque no implica que forzosamente estuvieron en la tumba de Caifás.

2) Analizados diversos osarios provenientes de varias tumbas, así como los encontrados en la tumba de Caifás, sólo se halló colada en el osario número 6 (el de Caifás), y sólo en ese. Esto es un fuerte indicativo que relaciona el osario de Caifás con los clavos. Pero para Aryeh Shimron no es suficiente, pues la colada presente en los clavos podría provenir de alguna otra cueva o cavidad. Así, pues, es preciso investigar esa posibilidad.

3) Todos los análisis de isótopos carbono y oxigeno realizados a muestras de colada de varias cuevas de la zona difieren por mucho con los análisis de isótopos de la colada adherida a los clavos. Sólo las muestras de colada de la tumba de Caifás son coincidentes con la colada de los clavos. Esto prueba que ambas coladas se produjeron en el mismo entorno climático. Ya se podría afirmar que ese entorno es el correspondiente a la cueva de Caifás, pero Aryeh Shimron quiere asegurarse aún más.

4) También con análisis de isotopos descubrieron la presencia de hierro en el osario de Caifás: muchos restos de partículas de hierro oxidado con el mismo tipo de composición y textura que la de los clavos. ¿No es suficiente ya con esta evidencia?  El que inicialmente fuera un crítico de la hipótesis de Simcha Jacobovici ya está bastante convencido de que tenía razón, pero su rigor científico busca asegurarse aún más:

5) La difracción mediante rayos X mostró la presencia en los clavos de lepidocrocita, un tipo de óxido que sólo se forma en entornos húmedos, como cuevas, tumbas. Una confirmación más del paso de los clavos por la tumba de Caifás.

6) La difracción por rayos X también mostró presencia de otro óxido de hierro: la goethita. Este óxido, también propio de ambientes húmedos, es más habitual. Pero las diferentes tasas de presencia en uno y otro clavo vinieron a reforzar aún más la hipótesis de que ambos clavos estuvieron en la tumba de Caifás. Uno de ellos presentaba bajos niveles de goethita, mientras que el otro tenía bastante. Esto encaja perfectamente con los emplazamientos en los que se encontraron los clavos en la tumba de Caifás: uno dentro del osario, y otro en el suelo. Lo lógico es que el clavo que se encontró en el suelo de la cueva, al estar sometido en mayor grado a la humedad, presentase mayores niveles de goethita. En cambio, y aunque el osario 6 mostraba signos de humedad, la mayor protección dentro del osario provocó menores niveles de goethita en ese segundo clavo.

Así, pues, los análisis realizados por el geoarqueólogo Aryeh Shimron con la asesoría de otros expertos no sólo muestran que esos clavos estuvieron en la tumba de Caifás, sino que son coherentes con el escenario que contemplaron los arqueólogos en 1990 cuando se descubrió la tumba: un clavo dentro del osario de Caifás, y otro en el suelo.

Con esto queda claro el segundo punto. Ya tiene Simcha Jacobovici suficientes evidencias para afirmar que los dos clavos del laboratorio del Dr. Israel Hershkovitz se usaron en una crucifixión y que son los mismos que se encontraron en 1990 en la tumba de Caifás: uno dentro de su osario, y otro en el suelo.

Ahora bien, ¿podrían ser los mismos clavos que se usaron en la crucifixión de Jesucristo?

Los análisis de laboratorio nada pueden aportar para aclarar esta cuestión, pero el análisis de las circunstancias que rodean a los clavos sí puede aportar indicios razonables para una posible respuesta. Eso es lo que revisaremos en el próximo post.


Nota: Recordad que he sacado a colación este documental sobre los clavos encontados en la tumba de Caifás porque  recientemente especialistas de la Universidad de Tel Aviv (Israel), han publicado en la revista científica 'Archaeological Discovery', una contraverificación de las conclusiones que se sacaron en 2011. 

En este enlace puedes acceder a dicho informe en la revista científica "Archaeological Discovery"

Y en este otro enlace puedes visualizar el documental "Los clavos de la cruz"


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