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Los clavos de una crucifixión.

04.11.2020 00:00
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Vuelven a estar de actualidad los dos clavos de crucifixión que hace unos años el investigador Simcha Jacobovici sacó a la luz pública en el documental "Los Clavos de la Cruz". Recientemente, especialistas de la Universidad de Tel Aviv (Israel), han publicado en la revista científica 'Archaeological Discovery', una contraverificación de las conclusiones que se sacaron en 2011.

Se trata de dos clavos que en 1990 aparecieron en una tumba con doce osarios. Los osarios eran los recipientes donde depositaban los restos óseos de los difuntos algunos años después de la sepultura. 

Las peripecias de los clavos y el osario

Cuando fueron encontrados los osarios y los clavos no les dieron mayor importancia: los osarios se depositaron en los estantes de la sede de la Autoridad de Antigüedades de Israel en Jerusalén; y los clavos acabaron olvidados en un laboratorio de la facultad de medicina de Sackler.

Posteriormente, cuando les llegó el turno a los osarios de ser analizados en detalle por los expertos, descubren que dos de los osarios (el 5 y el 6) llevan inscritos el nombre de Caifás. Según el conservador del museo de Israel, David Mevorach, Kaifas no era un nombre habitual en el Israel de la época. Las referencias aparecen en el Nuevo Testamento (simplemente como Caifás), y en los escritos de Josefo (referido como José ben Caifas). Estos expertos definitivamente concluyeron que el osario número 6 perteneció al sumo sacerdote Caifás mencionado en los evangelios.

Varios años más tarde fue cuando Simcha Jacobovici, investigando sobre la tumba en la sede del museo Rockefeller de Jerusalén se topa con las referencias a los clavos. Le llamó la atención que dos clavos en la tumba de Caifás no hubiesen sido objeto de mayor atención. La mente Jacobovici tendía a relacionar el osario de Caifás y los dos clavos, que según los registros en el museo Rockefeller estuvieron juntos. Y dado que la única crucifixión con la que se relaciona Caifás era la de Jesús, intuía que muy probablemente esos clavos se usaron en una crucifixión. Y no cualquier crucifixión, sino la misma crucifixión de Jesús. Pero nada sólido fundamentaba esa intuición, porque ni siquiera sabía donde se encontraban los clavos.

Tras intentar seguirles la pista, al final fue el mismo profesor Israel Hershkovitz (antropólogo forense de la facultad de medicina de Sackler) quien le llama y le invita a visitar su laboratorio. Allí le explica que años atrás le llegaron en una caja dos clavos de la época romana. No le dedicó atenciones especiales, pero tampoco se deshizo de ellos, pues tenía la sospecha de que quizás tuviesen relación con la crucifixión. Su sospecha se basaba en el parecido que tenían con el otro clavo que le llegó, y que sin duda perteneció a una crucifixión, puesto que estaba clavado en un talón, el cual también se conserva fusionado al clavo.

Jacobovici podía estar contento, pues al menos ya sabía donde estaba el osario de Caifás y los presuntos clavos de la crucifixión. Pero esa no demostraba en absoluto que esos clavos se hubiesen estado en la tumba de Caifás, por lo que la intuición de Jacobovici tenía aún trabajo por delante hasta poder configurarse como una realidad evidenciable mediante pruebas incuestionables. Y es que la realidad Jacobovici  sólo tenía por delante unos clavos en un laboratorio y un osario en un museo. Así, pues:

  • ¿Cómo asegurar que los clavos realmente se usaron en una crucifixión?
  • ¿Cómo asegurarse de que realmente son los clavos que en 1990 aparecieron en la tumba ce Caifás, uno en el osario, y otro en el suelo?
  • ¿Cómo establecer la relación concreta de esos clavos con la crucifixión de Jesús?

La tenacidad de Jacobovici le llevó a contactar con el geoarqueólogo Aryeh Shimron, que en principio era uno de sus críticos. Tras dos años de trabajo, y mediante sofisticadas técnicas que bien merecen la pena conocerlas visualizando el documental  "Los Clavos de la Cruz", consiguieron establecer de forma inequívoca al menos las dos primeras cuestiones mencionadas arriba.

 

¿Clavos de una crucifixión?

Concluyeron que los clavos se usaron en una crucifixión por las siguientes razones:

  1. Los clavos estuvieron en contacto con huesos, lo cual es lógico si se clavaron en una de las extremidades de una persona. A esta conclusión llegaron por la presencia de fósforo en la superficie de los calvos. En el cuerpo humano contiene más de medio kilo de fosfatos, de los cuales el 80% se concentra en los huesos. Los niveles de fósforo en los calvos no eran excesivos, pero sí similares al retenido por un clavo de ensayo introducido en un chuletón y enterrado durante 2 años.
  2. Los clavos estuvieron en contacto con madera, también lógico si pensamos que las cruces donde se clavaban a los reos eran de madera. La consulta que realizaron al Dr. Werner Schoch, del laboratorio QWR de suiza se los confirmó, especificando además que se trataba de madera de cedro.
  3. Además de los resultados de los análisis microscópicos y de isótopos remanentes, el detalle de las puntas dobladas también apunta a una crucifixión. Según el profesor Israel Hershkovitz de esa forma se consolidaba el clavado para evitar el desprendimiento del cuerpo o dificultar los posibles intentos de desenclavado.

Con esta conclusión aporta certeza sobre la utilización de los clavos en una crucifixión, pero aún falta responder a las otras dos cuestiones: ¿Son realmente los clavos que se encontraron en el osario de Caifás y en el suelo de su sepultura? ¿Pueden relacionarse con la crucifixión de Jesús?

En el próximo post nos centraremos en estas cuestiones.

 

El documental "Los clavos de la cruz"

El reciente informe en la revista científica "Archaeological Discovery"

 

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