La Biblia desde el siglo XXI

La “fe” del ateo (2)

06.09.2020 00:00
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Comentaba hacia el final del post anterior lo perjudicial que puede resultar el tratar de imponer las creencias en las que se está firmemente convencido cuando se hace por la fuerza, la manipulación cognitiva o por el fraude epistemológico. Atribuía esta última forma de proceder a los divulgadores ateos. En este post intentaré justificarlo.

Habitualmente los divulgadores ateos revisten sus argumentos y conclusiones con la aureola de rigor y objetividad que proporcionan las referencias a la ciencia. Entiendo que apoyados en esa prestigiada plataforma pretenden que sus conclusiones acerca de “la no existencia de Dios” sean consideradas científicas, lo cual consiguen en muchas ocasiones. Si algún divulgador no tiene tal pretensión ni procura transmitir esa idea a su público, le ruego que no se sienta aludido.

El cebo para la pesca de prosélitos

No discutiré que habitualmente estos divulgadores referencien sus escritos al conjunto de conocimientos científicos acumulados hasta nuestros días. De hecho, si no fuese así, difícilmente podrían hacer pasar sus conclusiones acerca de la no existencia de Dios como “verdades científicas”. Lo que me parece fraudulento es precisamente ese intento de hacer pasar sus conclusiones como verdades científicas con absoluta y objetiva coincidencia con “la realidad última de las cosas”. (No olvidar que las conclusiones no se fundan en los hechos, sino en las interpretaciones de los mismos; y que las interpretaciones son el resultado de los análisis de los hechos a la luz de las ideas previas que se mantengan sobre el asunto en cuestión).

Hasta tal punto ha calado esa infundada idea de que el universo es el fruto de una gran casualidad, que lo habitual entre ateo es considerar a los que dan por cierta la idea de Dios como ilusos y crédulos fantasiosos. Recuerdo la expresión socarrona de un colega de trabajo, que ante la expresión de mi convencimiento acerca de la existencia de una Inteligencia Suprema originadora y rectora del Universo, me preguntó burlonamente: ¿Pero tú aún crees en los pitufos? No recuerdo en cambio la gran cantidad de veces que he leído en artículos, post y debates equiparar la creencia en Dios con la creencia en hadas, unicornios, gnomos, etc. Pero sí puedo afirmar que han sido muchas.

Lo legítimo del cebo

Tampoco discutiré que asentados en el conocimiento científico podamos conocer (“provisionalmente”) mucho de la realidad de las cosas.  No sólo no lo discutiré, sino que lo afirmo. En concreto, y en lo tocante al gran frente de batalla entre ateos y creyentes teístas -la evolución- comparto con Darwin la idea de que la evolución es el “mecanismo” biológico gracias al cual la biósfera ha llegado al imponente nivel de complejidad que nos muestra hoy día. Y es que no solo en la naturaleza se observan muchas pistas que apuntan a esa idea, sino que hasta en la misma Biblia se hace referencia a ese mecanismo (lee este post: “~Siglo XV antes de Cristo: Primeros antecedentes del concepto de evolución biológica”).

No obstante, debo aclarar que a pesar de que me inclino por la evolución como mecanismo de la diversificación biológica, no olvido que científicamente no está demostrado que sea una realidad. Es más: opino que ni está demostrado, ni se podrá demostrar nunca conforme al rigor del método científico (Hipótesis > Experimentación > Confirmación o Rechazo). Pues, ¿cómo se conseguirá diseñar un experimento para comprobar las hipótesis? : ni hay medios para inducir los generadores del cambio evolutivo, ni tiempo para comprobar la repercusión en la descendencia de los individuos modificados (Cuidado: no confundir la evolución de virus con la de organismos multicelulares, para los que un cambio genético, además de no ser maligno, debe poder integrarse de forma beneficiosa [o al menos no maligna] en toda la estructura biológica del individuo multicelular).

Pero atención: También comparto con Darwin la idea de que tras ese mecanismo evolutivo existe una Inteligencia Suprema. Esta faceta de Darwin no está muy difundida. Para intentar contribuir a compensar esa deficiencia puse mi granito de arena tratándola es este post: “La faceta teísta de Charles Darwin (Metaxas 15)”. He aquí un extracto de lo que escribía Darwin a su amigo Asa Gray el 22/5/1860: 

Por otra parte, y a pesar de lo dicho, no puedo estar satisfecho al ver este maravilloso universo, y especialmente la naturaleza humana, y concluir que todo es el resultado de la fuerza bruta.  Me inclino a ver todo como resultado de leyes diseñadas, ... Ciertamente estoy de acuerdo con usted en que mis opiniones no son en absoluto necesariamente ateas. ... - Y no encuentro ninguna razón por la que un hombre u otro animal no puedan haber sido producidos previamente por otras leyes. Y que todas estas leyes pueden haber sido diseñadas expresamente por un Creador omnisciente, que previó cada evento y consecuencia futuros. Pero cuanto más lo pienso, más desconcertado quedo; como de hecho probablemente he mostrado en esta carta”.
(Carta de Charles Darwin al botánico Asa Gray, de fecha 22/05/1860).

Nota: Es el “neodarwinismo” lo que da pábilo a los ateos y es a sus acólitos a los que la bióloga estadounidense Lynn Margulis se ha referido como “secta religiosa minoritaria del siglo XX(véase el inicio del post anterior). La versión atea del neodarwinismo sostiene que es la selección de mutaciones aleatorias la que origina la evolución. Más difícil lo tienen para explicar la evolución cosmológica, pero aun así mantienen la idea de que incluso detrás del origen del universo y su evolución solo hay azar.  El “darwinismo” a secas (lo mantenido por Darwin) no propugnaba nada más que el mecanismo de selección natural; y, como hemos visto más arriba, no implica contradicción con la idea de una Inteligencia Superior originadora y rectora universal.

Lo fraudulento del cebo

El que la evolución sea el mecanismo del cambio no implica que el cosmos con la diversidad biológica que observamos en nuestro planeta sea fruto de “la buena suerte” que tuvo nuestro universo. Ni Darwin, ni yo, ni Lynn Margulis (mencionada en el post anterior), ni muchos biólogos lo creen.

El método científico (observación, medición, experimentación) ha demostrado ser muy eficaz desvelando los secretos del universo. Pero precisamente esa metodología que ha permitido a la ciencia sus grandes logros es lo que impide averiguar científicamente qué es lo que hay detrás del mecanismo evolutivo. Nunca se podrá afirmar con certeza si todo empezó con Inteligencia o con azar, porque las conclusiones científicas no pueden ir más allá de lo observable, medible y reproducible. Darwin nunca habría podido demostrar que su “inclinación a ver este universo como el resultado de leyes diseñadas por un Creador omnisciente” es la realidad que subyace bajo todo cosmos sensible. Pero Dawkins tampoco podrá demostrar jamás que todo comenzó por simple casualidad y evoluciona por afortunados avatares del azar. El fraude de los ateos fraudulentos consiste en hacer pasar lo indemostrable por realidad científica.

En el fondo, bien saben ellos que la “no existencia de Dios” es indemostrable. Por eso evaden la cuestión cuando abiertamente se les solicita que demuestren su postura. Alegan que sólo se pueden demostrar las afirmaciones, con lo que intentan colocar en los teístas la carga de la prueba. Esa es la forma sibilina de culminar el fraude.

Sí, porque proceden como el que “tira la piedra y esconde la mano”:  En los medios divulgativos revisten sus argumentos y conclusiones con la aureola de rigor y objetividad que proporcionan las referencias a la ciencia. Con ello “cuelan” la idea de que sus conclusiones acerca de “la no existencia de Dios” son científicas (ya tienen la piedra lanzada). Pero en los debates abiertos y centrado en el origen del universo y la evolución afirman que ellos no tienen que demostrar nada, que son los creyentes teístas los que deben aportar pruebas de la existencia de Dios (así esconden la mano, evadiendo la responsabilidad de demostrar la idea que han lanzado. Te sugiero que leas la aclaración que dan a la expresión “tirar la piedra y esconder la mano”. Retrata a la perfección el comportamiento ateo que acabo de describir).

Por si algún lector ha caído en la trampa atea, pensando que “en el fondo es verdad lo que dice el ateo: no se pueden demostrar las negaciones”, le aclaro donde está el engaño: La respuesta es una evasiva para no reconocer la incapacidad para demostrar su postura. En el fondo su postura sí es afirmativa, puesto que al negar la existencia de Dios está negando la existencia de inteligencia tras el origen y evolución del universo. Y esa negación es justo la afirmación de que fue el azar quien originó el Universo y sigue siendo el azar el que provoca los cambios evolutivos a nivel cósmico y biológico. Si algún ateo niega que en el fondo esa sea su creencia, en realidad no debiera considerarse ateo, sino más bien agnóstico.

Esto es lo que tendrían que demostrar los ateos: que el azar es capaz de originar nuestro universo y promover los cambios evolutivos que observamos en nuestro planeta. Al evadir esta la demostración de esta afirmación, a la vez que difunden sibilinamente la idea de que sus proclamas sobre la no existencia de Dios tienen base científica, están colando el mayor fraude epistemológico que al menos yo conozca.

Hace tiempo dediqué un post a este asunto. Puedes leerlo aquí.

Así, pues, el convencimiento de los ateos tiene la misma base que el convencimiento de los teístas: la fe en creencias no demostradas. Y en, mi opinión, el pretender vender sibilinamente sus creencias como verdades fundadas en la ciencia es tan fraudulento como vender “pócimas de amor”.

 

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