La Biblia desde el siglo XXI

Las crisis económicas existen desde siempre: la Biblia tenía razón

Artículo inicialmente publicado en estrelladigital.es, pero retirado posteriormente.

Actualmente también está disponible en sintesis.blogspot.com.

 


 

Las crisis económicas existen desde siempre: la Biblia tenía razón

Realmente, nunca es fácil hacer predicciones económicas a corto plazo, a través de lo que generalmente se consideran estudios de coyuntura; y lo mismo acontece a largo, respecto de los cambios que acaban siendo estructurales. En el primer caso, por hallarnos inmersos en un ciclo de incierta evolución, en gran medida por los ajustes que vayan produciéndose, relacionados con la política económica en curso. Y en el segundo, por el inevitable proceso de cambio tecnológico y social de duración imprevisible.

(Por Ramón Tamames en estrelladigital.es)


Precisamente, esas alteraciones de la marcha de la actividad económica es lo que Joseph A. Schumpeter supo destacar en su libro Business Cycles (1927), en el que analizó las diferentes clases de fluctuaciones, distinguiendo en la región ascendente de la curva la recuperación a partir de la fase anterior, para pasar después al auge, prolongable en una fase más o menos larga de bonanza culminante en el boom. Ulteriormente, dicho en lenguaje actual, tendríamos el recalentamiento, la desaceleración, el estrés y el definitivo cambio de tendencia, para entrar en la crisis, pudiendo llegarse, de persistir las inercias declinantes, a la recesión, y más allá a la propia depresión.

La experiencia histórica demuestra que ciclos ha habido siempre, y que no pueden erradicarse: ni por medio de decretos leyes, ni a través de políticas económicas, por muy bien que se diseñen e instrumenten. Sencillamente, porque en una economía de mercado -aunque sean no pocas restricciones a la competencia- se dan millones de planes individuales de empresas y consumidores, que difícilmente pueden encajar en un equilibrio perfecto. En ese contexto, inevitablemente van surgiendo fenómenos de sobredimensionamiento de la oferta y de saturación de demanda, que acaban por derivar en escenarios de interrupción y ulterior declive del crecimiento.

¿Y por qué decimos como subtítulo de este artículo que la Biblia tenía razón? No es ningún epígrafe a lo Isaac Asimov, o incluso proveniente de tendencias creacionistas. Y veremos que, efectivamente, la Biblia tenía razón, en lo que seguramente fue la primera referencia histórica conocida sobre ciclos: en el Génesis se planteó la iniciática teoría de las fluctuaciones económicas, y la primera solución a las mismas.

Lo que sigue es una transcripción, simplemente retocada para evitar algunas insistencias -tan frecuentes en el lenguaje antiguo-, de un gran diálogo económico. Cuando el Faraón mandó llamar a José, a quien apresuradamente sacaron de la prisión donde estaba. Se cortó el pelo, se mudó de ropa y fue a ver al rey, quien le dijo:

-He tenido un sueño y no hay quien lo interprete, y he oído decir que tú sí sabrías hacerlo... Estaba yo en la ribera del Nilo, y de él vi salir siete vacas gordas y hermosas, que se pusieron a pacer en la verdura de la orilla. Al poco tiempo, detrás de ellas subieron otras siete vacas, feas y flacas, que se comieron a las siete primeras. Luego vi cómo de un mismo tallo salieron siete espigas granadas y hermosas, para a continuación surgir otras tantas espigas malas, secas y quemadas por el viento solano, que devoraron a las primeras. Se lo he contado a todos mis sacerdotes y adivinos, y ninguno ha sabido explicarme.
-El sueño, Faraón -contestó José-, es uno solo; Dios te ha dado a conocer lo que va a hacer: las siete vacas hermosas, y las siete espigas hermosas, son siete años de abundancia. Y las siete vacas flacas y las siete espigas secas y quemadas por el viento solano, son los siete años de hambre que seguirán a otros tantos de abundancia. Por tanto, Faraón, es preciso que tus enviados, con toda autoridad, visiten la tierra de Egipto, y guarden un quinto de la cosecha de los años de la abundancia; poniéndolo a tu disposición, para mantener las ciudades durante los siguientes años de hambre que han de venir.
Pareció muy bien esa interpretación al Faraón, quien se dirigió a sus cortesanos con estas palabras:
-¿Podríamos por ventura encontrar un hombre como éste? Así lo digo, José: como Dios te ha dado a conocer tales cosas, y eres persona tan sabia, serás tú mismo quien se haga cargo de las tareas que has mencionado.

Los ciclos de siete años de abundancia, seguidos de otros tantos de escasez fueron una buena exposición -hace por lo menos 3.000 años- de la deriva cíclica en la realidad. Además, en la Biblia se dio una solución absolutamente racional al proceso: acumular reservas en los años de abundancia para los de escasez.

Para terminar, no cabe decir, tras la rememoración del Génesis aquello de nihil novum sub sole, porque, ciertamente, bajo el sol surgen nuevas circunstancias: de modo que en el caso que nos ocupa, cada crisis es una nueva experiencia. Y así sucede con la que se inició en el verano del 2007. Y si quieren Vds. más detalles, lean mi nuevo libro, que saldrá en abril, con el título: La Primera Gran Depresión del Siglo XXI.
 

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