La Biblia desde el siglo XXI

Polémicas de arqueólogos (5): La cerrazón de algunos ante lo que son evidencias para otros.

08.04.2011 00:00

Por fin el último extracto del amplio artículo de “National Geographic” sobre las polémicas entre arqueólogos partidarios de la cronología bíblica y partidarios de la “baja cronología”. Y en esta ocasión, el protagonista principal del debate es Israel Finkelstein, el arqueólogo de la baja cronología, líder de esa cruzada empeñada en “desmitificar” la Biblia. ¿O más bien debiera decir en “mitificarla”?, pues su empeño se orienta hacia el desvinculamiento de sus relatos de la realidad histórica o arqueológica.

Pero bueno, aunque pretenda reinterpretar desde su punto de vista los descubrimientos de otros arqueólogos, lo que no puede es negar la evidencia de que esos restos realmente han aparecido, y el mismo debate se convierte en un apoyo implícito, aunque involuntario por su parte, para la hitoricidad de la Biblia.

Aún así, quizá alguno se extrañe de que traiga a colación unas opiniones tan poco afines a los objetivos de bíblicamente.org: promocionar la Biblia e incidir en la realidad de su historicidad. 

Pues sí, es cierto que no encontrarán en bíblicamente.org muchas referencias a artículos que pretendan desprestigiar la Biblia. Sobre todo, porque hasta ahora nunca he encontrado ninguno que esté bien fundamentado en el sentido que expliqué en el 2º diálogo sobre las posibilidades de demostrar la falsedad del Éxodo: que tenga en consideración toda la información disponible sobre el tema en cuestión, aunque solo sea para rebatirla. Y en este sentido, las opiniones vertidas por Finkelstein en el extracto de hoy son muy ilustrativas. 

Juzgad vosotros mismos el tono con el pretende descalificar los descubrimientos de otros arqueólogos que no comparten su visión de la cronología de los escritos bíblicos. ¿Qué grado de objetividad le asignaríais? ¿Hasta qué punto le veis dispuesto a "sudar" por llegar a descubrir la realidad de aquel entonces?

Yo no podré conocer vuestras opiniones al respecto (a no ser que dejéis comentarios), pero vosotros podéis conocer las mías dejando el cursor unos segundos sobre las frases que están subrayadas. 

(Ir al extracto anterior)

David y Salomón, reyes de la polémica

¿Fue el reino de David y Salomón un imperio glorioso, o una modesta población de campesinos y pastores? Depende del arqueólogo a quien se pregunte.

(Por Robert Draper, en nationalgeographic.com)

...

«¡Si fuese por el radiocarbono, se podría demostrar que David fue un aldeano noruego del siglo VI a.C.! –declara Israel Finkelstein, lanzando una de sus hipérboles favoritas–. Pero le digo una cosa: me gusta leer lo que escribe Tom sobre Jirbat en-Nahas. Me ha inspirado toda clase de ideas. Yo no excavaría allí ni loco, con el calor que hace. Para mí la arqueología tiene que ser un placer. Venga a Megiddo; estamos alojados en un hotelito con aire acondicionado al lado de una piscina de lo más agradable

Así es como Finkelstein inicia sus refutaciones, con preámbulos amables que no ocultan el brillo sagaz de su mirada. Para ser científico, el arqueólogo de Tel Aviv se comporta con bastante visceralidad. «Si quiere llamar la atención, haga como Finkelstein», dice Eilat Mazar. Tampoco es santo de la devoción de Yosef Garfinkel, quien al referirse a la beca de investigación de cuatro millones de dólares que acaba de recibir Finkelstein comenta: «Él sí que es acientífico».

Pese a todo ello, las teorías de Finkelstein cuajan en el territorio intelectual que media entre los «literalistas» y los «minimalistas» bíblicos. «Hay que concebir la Biblia como un yacimiento arqueológico estratificado –dice–. Una parte se escribió en el siglo VIII a.C., otra en el VII, y así hasta llegar al II a.C., es decir, 600 años de compilación. Eso no significa que la historia carezca de antigüedad, pero sí que la realidad presentada es posterior. David, por ejemplo, es una figura histórica. Es verdad que vivió en el siglo X a.C. Acepto las descripciones que presentan a David como el jefe de un grupo de rebeldes que se movían en los márgenes de la sociedad. Pero no acepto la Jerusalén de oro ni un gran imperio en tiempos de Salomón. Cuando los autores del texto lo describen así, tienen la vista puesta en la realidad de su propia época, el Imperio asirio

«Y luego, Salomón –continúa–. Creo que le he dado pasaporte, pobre. ¡Lo siento! Pero piénselo bien, analícelo. Piense en la espectacular visita de la reina de Saba, una reina árabe que llegó a Jerusalén con toda clase de artículos exóticos. Es algo inconcebible   antes del año 732 a.C., aproximadamente, cuando se inició el comercio árabe bajo dominio asirio. Y la descripción del gran Salomón al mando de carros y caballos, grandes ejércitos y demás. El mundo que rodea a Salomón es el universo del siglo asirio

A propósito de la fortaleza minera de Levy, Finkelstein dice: «No me trago que sea del X a.C. Es imposible que alguien viviese en la factoría mientras funcionaba. Con el fuego, los humos tóxicos… ¡ni hablar! Eche un vistazo a la fortaleza de En Hazeva, a este lado del Jordán, construida por los asirios en la ruta principal a Edom. Para mí el edificio de Tom es una fortaleza asiria del siglo VIII similar a la otra. Y es más, a fin de cuentas, el suyo es un yacimiento marginal. No hablamos de una ciudad estratificada con múltiples períodos, como Megiddo o Tel Rehov. Eso de coger un escorial y ponerlo en el centro del debate sobre la historia bíblica… ¿Es una broma?»

Con mayor acritud se mofa Finkelstein de los hallazgos de Garfinkel en Jirbet Qeiyafa: «Mire, a mí nunca me oirá decir: “Anda, me he encontrado un hueso de aceituna en un estrato de Me­­giddo, y este huesecillo, que contradice cientos de dataciones por C-14, va a decidir el destino de la civilización occidental”». Se ríe con sorna.

Lo irónico del caso es que el enfant terrible de la arqueología bíblica se ha convertido en su figura de autoridad, un Goliat que repele los ataques insurgentes dirigidos contra su cronología. La tesis de que en el siglo X a.C. pudo existir una sociedad compleja a una u otra orilla del Jordán ha colocado la visión finkelsteiniana de David y Salomón en alerta. Y aunque Garfinkel logre probar que la tribu de Judá que engendró a David vivió en la fortaleza de Saraím, aunque Eilat Mazar consiga demostrar que el rey David mandó construir un palacio en Jerusalén, y aunque Tom Levy llegue a la conclusión de que el rey Salomón supervisaba las minas de cobre de Edom, seguiría sin aparecer por ningún lado una gloriosa dinastía bíblica. ¿Cuánto más habrá que excavar para dar por cerrada la discusión?

 ...

Lectura completa en nationalgeographic.com

(Versión traducida)  

 

 

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