La Biblia desde el siglo XXI

¿La evidencia de la ausencia?

07.07.2018 00:00
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Tratamos en el anterior post sobre las evidencias y la fundamentación que aportan a la veracidad de los escritos históricos, sean bíblicos o no. Y lo terminamos preguntándonos si la ausencia de evidencias arqueológicas puede tomarse como evidencia de la falsedad de los relatos antiguos.

A mí me parece obvio que no, al igual que así debió parecerle al gran divulgador científico Carl Sagan, puesto que fue él quien acuñó la frase “La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”. Pero dado que hay gran cantidad de personas que sí fundamentan sus conclusiones sobre la falsedad de los relatos bíblicos, algún matiz conceptual deber haber que…

…o bien no explican cuando descalifican los relatos bíblicos, ...

…o bien les confunde a ellos tomando la ausencia de evidencia como evidencia de ausencia (de veracidad, en este caso), ...

…o bien quieren ellos confundirnos a nosotros con vaya usted a saber qué siniestros objetivos.


Pero sí, puede haber casos en los que la ausencia de evidencia debe ser tomada como evidencia de falsedad. Al menos en arqueología no suelen ser habituales, pero no debe descartarse esa posibilidad.

Los  expertos Avraham Faust y Yair Sapir lo mencionan en su informe publicado en la revista Radio-carbono (universidad de Cambridge) : “…la ausencia de evidencia puede (y debe) a veces servir como evidencia ..., esta línea de razonamiento debe usarse con cuidado, y solo cuando estamos seguros de que la evidencia debería haber estado presente”.

La pregunta clave es ¿en qué casos podemos estar seguros de que la evidencia debe estar presente?.

Esto parece sencillo en situaciones cotidianas. Por ejemplo:   Salgo de casa en bici, con la mochila a cuesta. Mi esposa me llama del trabajo para pedirme que pase por el súper y le compre un bote de crema facial, pues se le ha terminado el anterior. Preocupada, pues la crema le urgía, a la hora y pico me vuelve a llamar preguntando: ¿Te acordaste de la crema? Yo, olvidadizo y avergonzado, le digo que sí que está en la mochila; pues pretendo comprarla sin falta antes de volver a casa. Lo cierto es que en el súper la crema estaba agotada, así que volví a casa, dejé la mochila y me fui en coche al trabajo antes de la vuelta de mi mujer. ¿Qué pensaría mi esposa al regresar y no encontrar el bote de crema en la mochila ni en ningún otro sitio?

¿Le dije verdad a mi esposa cuando me preguntó si le había comprado la crema? El bote de crema en mi mochila debió ser la evidencia de que no mentí. Pero el bote no estaba en la mochila. Ni fuera de ella. Evidentemente, no había evidencia ninguna de mi sinceridad.

¿Pero había evidencia de mi falsedad?

Pues sí. La crema no estaba en la mochila, tal como dije a mí esposa, por lo que era indudable que le mentí. Y es que en el corto lapso de tiempo transcurrido entre el encargo de mi mujer y su vuelta a casa no había posibilidad de que se hubiesen producido circunstancias que cambiasen el escenario. Si, claro, días después, la ausencia del bote de crema en mi mochila ya no se consideraría evidencia de mi falsedad; pues en el entretanto podrían haber sucedido muchas cosas que cambiasen el escenario. Pero justo en ese día, cuando mi esposa miró en la mochila, la ausencia del bote sí era evidencia de mi mentira.


Ahora bien, en situaciones no cotidianas, cuando el efecto del tiempo se deja sentir, la cosa cambia mucho. Porque, pensando en arqueología, ¿qué tan sencillo o complicado puede ser el calificar una ausencia de restos como evidencia de la falsedad de antiguos relatos? (Me refiero, claro está,  a relatos relacionados de alguna manera con esos supuestos restos de algo que fue real en su tiempo)

Sí hay una parte sencilla: la consistente en afirmar, hablando o escribiendo; puesto que "afirmar es gratis".

Lo complicado viene a la hora de justificar dicha afirmación.

En más de una ocasión he oído afirmar que la historia del Éxodo es falsa; simplemente porque no han encontrado evidencias de que sea cierta (Lo cual es falso, porque ciertamente sí se han encontrado evidencias de que tiene fundamentación histórica. Hay bastantes post al respecto señalados con la etiqueta “historicidad Biblia”; y en especial se puede ver el documental “El Éxodo”, que espero siga en Youtube cuando intentes verlo). Supongo que los que tal cosa afirman, o no están al corriente de los descubrimientos arqueológicos de las últimas décadas, o para ellos los informes de los expertos que avalan estas evidencias no son de fiar. En cualquier caso, ante dudas de este tipo, lo menos que se puede esperar de una mente honesta intelectualmente es que ponga en cuestión el relato, pero no que lo niegue, porque para considerar evidencia de falsedad la ausencia de evidencia, sería preciso:

  1. En primer lugar, tener certeza de donde debieran estar esos restos que podrían conformar la evidencia. Esto no es tan fácil como sencillo era para mi esposa buscar en mi mochila. Intencionadamente, yo transmití una referencia de ubicación concreta a mi esposa (aunque falsa). Pero los que escribían hace años ni se imaginaban que siglos después alguien precisaría localizar restos que confirmasen sus escritos. En el fondo, el que se puedan encontrar referencias concretas de donde localizar restos que apoyen relatos antiguos es mucho más cuestión de buena fortuna, que no de imperiosa necesidad.
  2. En segundo lugar, tener la certeza de que con el correr de los siglos no se produjeron circunstancias que modificaron los escenarios correspondientes a lo que entonces se escribió. Volviendo al ejemplo del encargo de mi mujer: ella podía estar segura de la falsedad de mi información porque en el corto lapso de tiempo entre mi vuelta a casa tras el paseo en bici, y el momento en el que ella buscó la crema no pasaron más que unas pocas horas en las que nadie accedió a casa.

Este segundo punto pude tener un enfoque que podríamos llamar "miope". Sí, porque es fácil pensar que “no se han dado tantos cambios en los escenarios de la historia”; y que “buena prueba de ello son la cantidad de restos encontrados que sí fundamentan relatos históricos”. Pero claro, como todo enfoque “miope”, sólo considera real aquello que está al alcance de su vista. El problema radica en los casos en los que no se han encontrado evidencias arqueológicas que apoyen los relatos antiguos.

¿Cómo interpretar esa situación? ¿Porqué no se han encontrado esas evidencias?

 ¿Quizás porque esos relatos realmente son falsos, sin fundamento histórico?

 ¿Quizás porque aún no ha llegado el momento en que los arqueólogos den con esas evidencias?

 O, ¿quizás porque sí se produjeron acontecimientos no conocidos que desvirtuaron los escenarios donde pudieron haber quedado los restos originalmente existentes?


Pensando en esa última opción, a “vuela tecla” (que no “a vuela pluma”) me acuerdo de un post que dediqué al proyecto de la "Autoridad de Antigüedades de Israel” para la exploración de cuevas cercanas a la zona de Qumrán, y que vino al hilo del descubrimiento de una cavidad en la que fueron “los restos de herramientas modernas” los que alertaron a las autoridades de que se estaban produciendo expoliaciones de restos antiguos. Esa “causa” de cambio de escenarios es muy habitual en Egipto e Israel. Pero puede haber otras de las que no tengamos noticias, aunque podemos imaginar que algunas de las que sí conocemos pueden ser reminiscencias de otros muchos casos que no hemos llegado a conocer (me refiero a las destrucciones de monumentos religiosos perpetradas por los talibanes hace no muchos años. De algunas no me hice eco, por no estar relacionadas con la Biblia, pero de esta sí).

Cualquiera de esas 3 opciones consideradas es válida, y decantarse por la primera (falsedad de los relatos) tiene pintas de elección motivada más bien por los prejuicios, que no por la racionalidad.  Aún más si de relatos bíblicos se trata, pues de muchos de ellos ya se han descubierto evidencias que los apoyan. Esto debiera hacernos pensar mas bien que todo el colectivo de relatos bíblicos participa de una especie de “gen de veracidad”.

Así, pues, bien está que en situaciones cotidianas que no involucran grandes lapsos de tiempo se considere con poco riesgo de error la ausencia de evidencia como evidencia de falsedad.

Pero si entre los hechos que dejaron huella y la búsqueda de sus evidencias han transcurrido largos periodos de tiempo, como sucede con la arqueología bíblica, el planteamiento debe ser diferente. El decantarse por considerar la ausencia de evidencia como evidencia de falsedad es extremadamente temerario y más bien denota el triunfo de los prejuicios sobre la racionalidad.

 

A continuación dejo enlace al informe de los expertos mencionados en el texto.

El informe de los expertos  Avraham Faust y Yair Sapir en la revista Radiocarbono.

Con Chrome podéis visualizar el anterior enlace traducido al castellano.

 

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