La Biblia desde el siglo XXI

Falacia atea: Las creencias de los cristianos deben quedar relegadas a la esfera de lo privado.

05.08.2017 00:00

(Una colaboración de Josué Ferrer)

Muy a menudo los ateos se quejan de que los cristianos tienen demasiada influencia en la vida pública y política de los Estados Unidos. Es más, dicen que está bien que los cristianos tengamos nuestras ideas pero que éstas deben quedar relegadas a la esfera de lo privado. ¿Quiere ser usted cristiano? Estupendo. Séalo en su casa, pero no promueva sus ideas en la vida pública. Y menos aún en el Parlamento”. Éste es más o menos el mensaje que nos mandan:

Sin embargo, los ateos nunca se quejan de la enorme influencia que tienen ellos mismos en la esfera pública y política de Holanda. O de la gran relevancia de la industria del aborto en Francia. O del colectivo homosexual en España. O de los ecologistas en Alemania. O de los liberales en Reino Unido. Sólo los cristianos molestamos. Nadie más.

A menudo nos dicen que nuestras creencias religiosas son privadas y que por lo tanto no debemos influir con ellas en la vida pública. Que no debemos “imponer” nuestras ideas y nuestros valores al resto de la sociedad.

¿Y por qué no?

¿Acaso no me imponen a mí sus creencias los abortistas y yo soy contrario al aborto? ¿No me imponen su visión de las cosas los banqueros y yo no soy banquero?

En una democracia uno piensa blanco, otro negro y otro azul y la forma de resolver civilizadamente nuestras diferencias es llenando las urnas de papeletas.

Y el que más votos obtiene impone su visión al resto. Y todos los colectivos, también los minoritarios, tienen derecho a participar de la vida pública y promover sus ideas en el conjunto de la sociedad.

Pretender prohibir este derecho tiene un nombre: dictadura.

Son muchos los colectivos que hay en una nación democrática: banqueros, sindicatos, empresarios, partidos políticos, feministas, ecologistas, inmigrantes, ONG, cineastas, internautas, musulmanes, ateos… Todos participan de la vida pública y todos tratan de arrimar el ascua a su sardina. Hasta el punto de que muchas de las leyes que aprueban los políticos son fruto de la influencia de estos grupos de presión (a veces de uno y minoritario). Y estas leyes afectan no sólo a quienes forman parte de estos colectivos sino a toda la población. Bueno, si los demás tienen derecho a hacer esto los cristianos también.

Yo respeto todas las ideologías y creencias aunque no las comparta, salvo aquellas que son injustas o totalitarias.

No me parece demasiado el pedir un poco de respeto también para las mías.

(Josué Ferrer es el autor del libro "Porqué dejé de ser ateo", así como de otros cuyas reseñas podéis encontrar en su blog)

 

Sobre la misma temática:

La hipocresía como estratégia en la lucha ideológica.

 

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