La Biblia desde el siglo XXI

~Siglo XV antes de Cristo: Primera referencia de medidas económicas para la integración social

14.05.2016 00:00
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Hace dos semanas comenté el versículo 12 del capítulo 15 de Deuteronomio. Destacaba ese versículo por ser la primera referencia histórica sobre legislación para limitar duración de la esclavitud. Pero aún hay más.  El economista Mario Blejer me hizo ver que ya hace 3.500 años la Biblia también legislaba sobre algo que ni aún hoy tenemos resuelto satisfactoriamente en nuestra sociedad. Me refiero a la marginación social. Esa lacra que no sólo no está desarraigada de nuestra sociedad, sino que la última crisis le ha servido de abono con el que fortalecer sus raíces.

Cierto que se ha avanzado mucho desde mediados del pasado siglo. Y que la sensibilización social continúa presionando a fin de que las leyes sigan progresando. Pero aún hay personas y familias que ven como se les acaban los meses de subsidio sin ninguna esperanza de futuro más que la misericordia de familiares, allegados u organizaciones sociales cuyos fines son precisamente paliar las consecuencias de esa marginación social.

 

Voluntad de trabajar e integración social

El que no trabaje, que no coma”, es lo que opinan algunas personas que conozco. Argumentan que es el único medio para que la gente se preocupe por buscar trabajo.  Si estuviésemos en una situación de pleno empleo, se podría admitir ese argumento. Pero cuando el paro supera el 20% (escribo en España) , es de suponer que habrá muchos verdaderamente interesados por encontrar trabajo, pero sin lograr ninguna ocupación que honradamente les provea los ingresos necesarios para mantenerse integrados en la dinámica social de su pueblo.

En todo caso, a la drástica sentencia que acabo de mencionar habría que añadirle el matiz que incluye Pablo en 2ª de Tesalonicense 3:10, donde escribe que "Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma". Porque una cosa es "querer vivir del cuento" y otra muy distinta "tener dificultades para sobrevivir que ni te cuento". Y es que  hay muchos que sí quieren trabajar; pero la sociedad actual no está capacitada para facilitarles un trabajo que les permita siquiera subsistir. Siempre tenemos la impresión de que la sociedad progresa continuamente hacia  mejor en todos los aspectos. Y cierto que en general, así sucede. Pero con la disponibilidad de trabajo o medios de subsistencia cada vez estamos peor. Pues aunque el progreso tecnológico facilita mucho la vida, también es cierto que facilita los despidos. No es mucho consuelo el que surjan otras ocupaciones, puesto que los abanicos que se abren a nuevas ofertas son más  exiguos que los abanicos de antiguas ocupaciones que se cierran. Y a no olvidar que esas nuevas ofertas vienen acompañadas de trabajos bastante más complejos, para los que se precisan mayores niveles de formación que los que se precisaron para las ocupaciones desplazadas por las nuevas tecnologías. Y qué decir del último recurso, el  de "echarse al monte" para sobrevivir de la "madre tierra". Tampoco está hoy día disponible, pues ¿dónde hay monte sin propietario o sin protección institucional? Porque “la madre naturaleza” ya no es de todos, sino de algunos; y la que sí es de todos es de “toda la sociedad”, pero de ningún individuo en particular, por lo que queda inaccesible como recurso de supervivencia para personas  concretas que sí podrían beneficiarse de ella.

 

El descenso por el barrando de la marginación social

Cierto que en España tenemos un sistema de prestaciones sociales bastante bueno. Pero aun así, y por desgracia, bastantes conciudadanos nuestros recorren la dolorosa senda hacia la marginación social:

Primero perdiendo el empleo. Con todas las justificaciones que se aleguen; porque razones para los despidos, las habrá. Porque ningún empresario “amputa” miembros de su empresa por capricho.

Luego, agotando el paro, que como mucho puede durar dos años.

Por último (si es que reunía los requisitos para recibir la ayuda) consumiendo el subsidio por desempleo, de no más de año y medio de duración (En Wikipedia hay una buena síntesis).

¿Qué les queda a los que rebasan la última etapa de esa dolorosa senda? En bastantes casos, la misericordia de familiares, amigos u ONG’s, pero al resto de desafortunados sólo los quedan los contenedores de basura; porque ya hemos visto que de la misma naturaleza nada pueden obtener en una sociedad tan estructurada como la nuestra.

 

Pero bueno, lo cierto es que la sensibilización social es alta, y quizás por ello, el gobierno intenta añadir medidas paliativas. Como la ayuda a parados de larga duración, que aunque no es muy espléndida, al menos remedia en algo durante un tiempo limitado. Pero toda esta sensibilización social sobre la necesidad de una verdadera integración de todos los miembros de la sociedad la tenemos ahora, en el siglo XXI. ¿Te imaginas este nivel de sensibilización social hace más de tres milenios? 

 

El "perro verde": el pueblo de la Biblia

Lo que probablemente no se imaginen los no familiarizados con la Biblia es la excepción que suponía el pueblo hebreo respecto a sus vecinos, hace ya más de 3.000 años. Porque las normas que tenían en la Biblia les permitía un equilibrio social bastante más avanzado del que gozaban sus vecinos. Por eso destaco hoy lo que ya el economista Mario Blejer expuso hace algún tiempo: Que la Biblia aún puede enseñarnos mucho en lo que a estructuración social se refiere. En este caso, sobre cuestiones de economía social. 

En entrevista para el diario “La Nación” destaca una importante lección de la Biblia que aún hoy día no ha sido bien aprendida: la necesidad de proveer de medios económicos si se pretende una verdadera integración social. Se refiere Blejer al mismo capítulo 15 de Deuteronomio que comentamos hace poco a propósito de la "novedad" que suponía en la historia de la humanidad normas para la liberación de esclavos. Y es que si en el versículo 12 de Deuteronomio 15 establece la Biblia la liberación obligatoria tras 6 años de esclavitud del hebreo, en el versículo 13 la regula estricta y a la vez bondadosamente:

"Y cuando lo despidieres libre, no le enviarás con las manos vacías". 
(Deuteronomio 15:13)

No valía con soltarle al esclavo las cadenas y decirle: "Ya eres libre. ¡Que Dios te bendiga!". Explícitamente la Biblia ordenaba: "No lo enviarás vacío". Y no se refería a darle comer antes de la liberaración para que no fuese con el estómago vacío. Además añade en el versículo siguiente detalles de las  condiciones en las que debía liberar al que fuera su esclavo:

"Le abastecerás liberalmente de tus ovejas, de tu era, y de tu lagar; le darás de aquello en que Jehová te hubiere bendecido".
(Deuteronomio 15:14)

Es decir: Tenía que reintegrar al esclavo a la sociedad libre proveyendole de todo lo necesario para poder subsistir correctamente integrado. Y no sólo con lo mínimo, como para "cumplir con el expediente". Debía abastecerle "liberalmente", con generosidad.

Y aquí es donde Blejer enfatiza la lección que la Biblia ha venido dando a cada generación desde hace más de 3 milenios: De nada servía poner a un esclavo en la calle sin medios de supervivencia al igual que de nada sirve hoy día poner a un preso en la calle o a un trabajador cesado sin medios suficientes para habérselas en la sociedad. Hoy día los subsidios temporales que arriba hemos comentado bien están mientras duran. Y cierto que duran lo suficiente cuando la sociedad tiene el dinamismo preciso como para proveer ocupación remunerada a la mayor parte de sus miembros  (está claro que no cuando el paro supera el 20%). Pero siglos atrás, ¿con qué contaba los más desventurados de la sociedad aparte de las limosnas que los más caritativos podrían ofrecerles?

Pues bien, como en tantos otros asuntos, fue la Biblia la que estableció el hito que marcó la dirección por donde se debía avanzar. Por eso me gusta a mí la Biblia, como le gusta también a Mario Blejer:

"Me gusta mucho estudiar la Biblia. Hay elementos interesantes que pueden explicar puntos de vista de la economía. Por ejemplo, la Biblia dice que no hay esclavos a perpetuidad, que a los seis años hay que liberarlos y compensarlos. No es una indemnización: la Biblia dice que no lo dejes ir con las manos vacías porque, si no, no va a poder reconstituir su vida y va a volver a ser esclavo. Es una enseñanza importante: no podéis sacar de la pobreza a la gente si no la ayudáis a que tenga los medios para poder ganarse la vida de forma honesta."

(Extracto de entrevista en lanacion.com.ar)

 

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