La Biblia desde el siglo XXI

La Salvación en su sentido practico y actual (Salvación 3)

25.09.2015 00:00
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¿De qué hay que salvarse aquí, durante la vida física? ¿Qué implicaciones tiene el cambio de situación en la vida de las personas,.. y también de las sociedades? Con esas cuestiones terminaba el post anterior sobre este tema.

(Nota: Para aligerar el texto he incluido aclaraciones o referencias en rectángulos emergentes. Para leerlos sólo es preciso dejar el ratón unos pocos segundos encima del texto en azul sin subrayado)

Creo que tratar sobre esas cuestiones es más arduo que considerar el tema de la salvación referida al futuro, tras la muerte física. Sobre todo porque difícilmente se encuentran lectores interesados. Hay escasa conciencia de que precisemos liberación durante la vida física; y claro, cuando no se siente necesidad, difícilmente interesan "discursos inútiles".

Frustración crónica, pasividad permanente

Pero esta escasa conciencia de que se necesite liberación resulta incoherente con muchas expresiones de la sabiduría popular que denotan hartazgo e insatisfacción de las condiciones de vida que encontramos en nuestro entorno.

Dichos tan populares como “Párenme este puñetero mundo, que me apeo de inmediato” o “Piensa mal y acertarás” son buenos ejemplos. El primero evoca sentimientos de hartazgo por el cúmulo de contrariedades, desgracias e injusticias. Y el segundo manifiesta desconfianza visceral hacia los semejantes, la cual, si ha arraigado tan hondamente en el sentir colectivo, no ha sido por falta de motivos.

Probablemente ni se imagine posibilidad de escape de todas esas fuentes de frustración. De ahí la incoherencia. Existe tal convencimiento de que la Salvación es sólo para después de la muerte, que se da por definitivo que este mundo solo está para soportarlo estoicamente y quejarse de él.

 

Las fuentes de la frustración

Y ciertamente, deberemos soportar estoicamente todas las injusticias, desgracias y contrariedades que sean consecuencias de los errores o de la maldad (propia o ajena), aunque también de los ''imponderables'' de la naturaleza.

Pero al menos tal como está planteado en el párrafo anterior, no podemos decir que sean inevitables esas injusticias y desgracias que mencionamos antes. ¿Qué pasaría si no cometiésemos errores y, además, nuestra conducta y la de nuestros semejantes siempre respetasen los derechos ajenos? ¿Es esto posible?

Respecto a esos "imponderables" de la naturaleza, tales como: terremotos, huracanes, sequías, inundaciones, epidemias, enfermedades de nuevo cuño, etc.; hoy día ya no se descarta la posibilidad de que sean consecuencias indeseadas de errores que estamos cometiendo “colectivamente”. No transcurre un mes que no se difunda algún informe que relacione las catástrofes naturales con algún tipo de comportamiento humano: generación de CO2, pruebas nucleares, utilización de productos peligrosos como los fluorocarbonos, pesticidas, cancerígenos… No soy de los que creen que todas las desgracias naturales sean consecuencias de los excesos de la civilización. Pero tampoco descarto que muchas de ellas tengan relación con los excesos del consumismo desbocado y de la búsqueda del beneficio inmediato, sin evaluación de consecuencias a largo plazo.

Así, pues, "cargas" de las que liberarse, existen, y muchas; tanto en el ámbito personal como en el social.

 

Los deseos de cambio

Y aunque no se conciba posibilidad de liberación, en el fondo, deseos de cambio de todas esas circunstancias adversas los hay, porque sus manifestaciones no faltan:
        A pequeña escala, como cuando nos revelamos contra nosotros mismos movidos por remordimientos o por reiteradas frustraciones.
        A escala media, cuando esas rebeldías alcanzar la esfera de lo familiar o de lo laboral.
        Y a gran escala, cuando culminan en manifestaciones de grandes masas que inundan los medios de comunicación; que aunque en gran parte sean manipuladas, no dejan de ser muestra de la necesidad de cambio, pues esa misma manipulación es una lacra más de la que también ansiamos liberarnos.

Juzga por ti mismo. Si no te ves reflejado de alguna manera, y en bastantes ocasiones, en alguna de las anteriores escalas eres verdaderamente afortunado (o quizás ya estás "salvado").

 

La pasividad inoperante

Lo que no existe es búsqueda de esa liberación; lo cual es lógico si no se concibe su posibilidad. Y, claro, por no buscarla, nunca surgen iniciativas que pongan en marcha lo necesario para que se produzca la liberación, ese cambio de circunstancias adversas y frustrantes.

Y esta situación no es nueva, exclusiva de nuestra época. Ya hace unos 2.000 años, Pablo de Tarso describía una situación de la humanidad que adaptando el vocabularios y los conceptos a los cambios sociales y tecnológicos mantiene su vigencia (véase por ejemplo Romanos 1:28-2:1).

 
La Biblia, como medio para el cambio.

Y es aquí donde la Biblia aporta utilidad, pues no solo confirma el triste panorama y la necesidad de cambio, sino que muestras vías para que éste cambio se produzca y anima a andar por ellas.

Sobre la necesidad de cambio, qué mejor muestra que los textos bíblicos sobre la llegada de Jesús al mundo. Él no vino para dejar las cosas como estaban. Cuando en Juan 10:10 Jesús dice que ''ha venido para que tengamos vida en abundancia'', es indudable que no tiene en mente el que nos mantengamos en todas las miserias que hemos comentado antes.

 

La amplitud del cambio

Pero en la Biblia esa necesidad y posibilidad de cambio no se centra solamente en el entorno físico o social.

No, su propuesta no puede ser más que integral, porque la realidad es que individuos, sociedades e incluso planeta formamos un "continuo" de mutua interrelación.

"Yo soy yo y mis circunstancias", decía Ortega y Gasset. Y razón no le faltaba.

Pero tan cierta como la popular sentencia de Ortega es su inversa: "Mis circunstancias son ellas y yo", la cual en el fondo va implícita en la primera.

Y dado que mis circunstancias son mi propio entorno, éste cambiará en la medida que yo mismo cambie.

 

Los niveles de cambio y su interrelación

Esta mutua correspondencia no es ajena a la Biblia, pues no solo anima al cambio personal y al colectivo o social, sino que los presenta como íntimamente relacionados:

Por un lado, el cambio colectivo siempre era el resultado de la sinergia de cambios personales: individuos que una vez cambiados se organizaban dando lugar a las iglesias locales. Estas eran “semilleros” con vocación de cambios a mayor escala social; ''minisociedades" justas dentro de la sociedad general sobre la cual pretendían influir positivamente.

Por otra parte, esas iglesias locales eran los sitio donde las personas podían conocer y asimilar las enseñanzas de la Biblia, las cuales a su vez producían el cambio personal del individuo en cuestión.

 

El ingrediente del cambio

La Biblia no solo anima a que este cambio se produzca, sino que se "autopromociona" como el medio para producirlo. Su contenido, su conjunto de perspectivas y valores son el mismo "revulsivo" capaz de generar nuevas personas y nuevas sociedades (Nota).

Refiriéndose a la Biblia, Pedro nos dice que es la semilla que nos hace renacer, y nos anima a que la deseemos a fin de crecer en la Salvación.

Y Pablo, cuando anima a sus lectores a que no se conformen al status quo de este mundo, sino que se transformen por medio de la renovación de su forma de pensar, aunque no lo dice explícitamente en el texto de Romanos 12:2, implícitamente se refiere también a la Palabra de Dios recogida en la Biblia. Más claro se ve en Efesios 4:17-24, espléndido pasaje donde encontramos tanto referencias a la necesidad del cambio como a que éste se produce mediante la renovación de la forma de pensar .

 

El proceso de cambio

Pero ¿ya puede un conjunto de textos cambiar personas, pueblos y redirigir sus destinos?

Pues sí, incluso dejando al margen las cuestiones transcendentales que muchos cristianos quizás echen en falta en este post.

Es indudable que los pasajes referidos en el párrafo anterior o sus rectángulos emergentes hacen referencia al mismo contenido bíblico, que en el fondo no deja de ser información, aunque eso sí, valiosa y "potente", como diría Pablo.

Creo que fue Samuel Smiles quien sentenció:

      Siembra un pensamiento, cosecha un acto;
       siembra una acto, cosecha un hábito;
       siembra un hábito, cosecha un carácter;
       siembra un carácter, cosecha un destino.

No hay mejor párrafo para explicar la efectividad del contenido bíblico en el cambio de personas y sociedades:

Si son las perspectivas y valores bíblicos las semillas de nuestro pensamiento, serán los actos, hábitos, caracteres y destinos pronosticados en la Biblia los que presidan nuestra vida.

Y en el supuesto que esas perspectivas y valores también permeen en nuestros familiares, amigos y conciudadanos en general, estaremos conjuntamente edificando una sociedad menos frustrante y más satisfactoria; con menores cotas de injusticia y mayores niveles de bienestar.
        En otras palabras, estaremos edificando una sociedad de personas que comienzan a disfrutar de los beneficios de la Salvación aquí en la tierra; en paz con Dios y con la esperanza de mantener ese mismos status tras la muerte física (como vimos en la segunda entrega).

 
Anticipando objeciones

Hasta aquí he intentado mostrar que la utilidad práctica de la Salvación que anuncia la Biblia proviene de su capacidad para librarnos (individual y socialmente) de las contrariedades, desgracias e injusticias que aportan frustración crónica a nuestras vidas.

En el inicio mencionaba que todas esas fuentes de frustración tienen básicamente tres causas: nuestros errores, nuestras maldades y los ''imponderables'' de la naturaleza.

Después de proclamar la excelencia de la Biblia para librarnos de esas fuentes de frustración, la pregunta obvia es: ¿Como puede la Biblia influir en esas tres causas?

O expresado en los términos utilizados en párrafos anteriores:
       ¿Cómo es que las perspectivas y valores bíblicos presidiendo nuestro pensamiento pueden evitarnos errores, erradicarnos maldades y resguardarnos de los imponderables de la Naturaleza?

Cuando comencé este apartado tenía el propósito de abordar esa cuestión. Pero tras pasar el contador de palabras del editor de texto me he dado cuenta que ya llevo demasiado texto para un post.

Por otra parte, las respuestas a esas cuestiones rebasan el propósito de esta trilogía sobre los aspectos "actuales" de la Salvación.

Y tampoco está mal dejar la cuestión abierta, para meditación personal del lector, para posible apertura de debate al respecto, o como tema para futuro post.

Así, pues, aunque "no escondo la mano", sí "lanzo la piedra"; pero por ahora la dejo rebotar a su aire.

 
Sintetizando los tres post's

Llegados a este punto, solo falta sintetizar lo que he intentado transmitir en estos tres post's sobre los aspectos actuale de la Salvación:

Es errónea, o más bien incompleta, la tan extendida idea de que la Salvación es algo para después de la muerte física. Como consecuencia, se desatienden o minimizan sus aspectos actuales:
       Por lo que respecta a la persona creyente, ésta se apropia de la esperanza futura de Salvación, pero desatiende el cambio que supone la Salvación actual y pierde el disfrute de sus consecuencias terrenales.         El que es no creyente, simplemente pasa del asunto por tener la vaga idea de que es un mito de los que creen en la eternidad del alma. En su caso, lo que pierde es la posibilidad de descubrir el potencial que ofrece la Biblia para transformar su vida y su sociedad. Incluso me atrevo a apuntar que también pierde la posibilidad de descubrir la existencia de valores transcendentales más allá de la vida física; pero si antes no se valora la Salvación bíblica en su utilidad actual, difícilmente se pueda valorar en su utilidad transcendental.

El concepto de Salvación que se extrae de la Biblia básicamente consiste en el restablecimiento de buenas relaciones con Dios. A partir de ahí, comienza el cambio de la persona, empezando por su mente y terminando por su carácter y su destino.
        El cambio social no es más que la sinergia por la acumulación de cambios en multitud de individuos.
        El aspecto transcendental de la Salvación después de la muerte física no es más que la consecuencia lógica de una vida terrena en buenas relaciones con Dios: si aquí estamos en paz con Dios, tras la muerte física seguiremos en la misma situación.

 
Cumpliendo lo prometido

Al inicio de la primera entrega de estos post's sobre la Salvación actual escribía:

"Opino que la poca influencia que la Biblia tiene hoy día en personas y sociedades está motivada en gran medida por los conceptos actuales que circulan sobre la Salvación. Sé que esto es atrevido y precisa justificación, pero no puedo hacerla si no revisamos previamente el concepto actual de Salvación."

Tras la última entrega, creo que no es difícil entender el porqué de mi afirmación. Incluso quizás compartirla:

En un cultura pragmática como la nuestra lo que prima es lo útil, lo realizable. Y si puede ser a corto plazo, mejor. Y claro, un concepto de Salvación desconectado de la realidad cotidiana tiene poca utilidad para esta vida.

Pero si de forma generalizada se tuviese conciencia de que el concepto bíblico de Salvación va ligado a la idea de cambio en la forma de pensar, y como consecuencia de ello, "cambios reales" en los hábitos de conducta de las personas, estoy convencido que no solo personas, sino instituciones sociales se esforzarían en promover la cultura bíblica a todos los niveles, empezando por la escuela (¡Atención: Cultura bíblica no es sinónimo de educación religiosa! En este sitio web se defiende la idea de que la utilidad de la Biblia rebasa las cuestiones religiosas. ¡No es preciso ser religioso para obtener "mucho" beneficio de la Biblia!).

Entiendo perfectamente que haya personas que no compartan la idea de que las perspectivas y los valores que emanan de la Biblia sean los más adecuados para construir una sociedad justa y con alto nivel de bienestar.

Pero precisamente ahí radica la finalidad de este sitio web: acumular para los escépticos evidencias históricas de cómo la Biblia ha influido e influye positivamente en nuestra sociedad.

 


Para los que habitualmente ya leen la Biblia

En notas emergente he apuntado la idea de cómo la Biblia proporciona nuevas perspectivas, entendiendo éstas como el "conjunto de conceptos que permite interpretar la realidad de una u otra determinada manera".

Es este sentido, los tres post's sobre la Salvación también pueden suponer un pequeño retoque en la perspectiva con la que hasta ahora leías los pasajes bíblicos que tratan el tema de la Salvación.

Te sugiero que a partir de ahora tengas en cuenta lo que has leído, y podrás comprobar como muchísimos de ellos abundan en las ideas recogidas en estos tres post's.

 

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