La Biblia desde el siglo XXI

Falacia atea: Los discípulos se lo inventaron todo y convirtieron a Jesús en un mito.

23.12.2013 00:00

(Una colaboración de Josué Ferrer)

No pocos escépticos y amigos de la teoría de la conspiración se atreven a afirmar que Jesús existió como un profeta, como un hombre, y que tras su muerte fueron los discípulos los que comenzaron a exagerar los hechos, agrandar la leyenda y acabar convirtiendo a un simple maestro en la divinidad que realmente nunca fue.

Pero en verdad nada de esto tiene sentido. Pensemos que los apóstoles vivieron codo a codo con Jesús. Si se hubiera tratado de un farsante, deberían haberlo abandonado. Ellos tenían la firme convicción de que era el mesías, el que iba a libertar al pueblo de Israel. Sin embargo, su muerte en la cruz fue un palo para ellos.

Tras su crucifixión, los apóstoles pensaban que todo había terminado. Se sintieron tristes, decepcionados y lo que es peor aún: aterrorizados. Fueron a esconderse a sus casas con el rabo entre las piernas. Tenían un temor más que justificado de que tras su líder, ellos podrían ser los próximos en ser apresados por los soldados romanos.

Si ellos sabían que todo era una mentira, ya sea que Jesús mintió al decir que Él era el Hijo de Dios o bien que nunca hubiera dicho tal cosa y hubieran sido los apóstoles los que lo hubieran querido convertir en un dios después de muerto… ¿Qué sentido tiene hacer esto si sabían que era una mentira? ¿Qué ganaban con ello?

¿Qué ganaban con ir pregonando que Jesús era el mesías (si ellos sabían que no era así)? Los apóstoles no montaron una de esas sectas que exigen favores sexuales a sus adeptas. Ni tampoco se lucraron económicamente como hacen hoy los pseudopastores de la teología de la prosperidad sino que eran pobres como ratas.

Pedro, Andrés, Santiago hijo de Alfeo,  Felipe, Simón y Bartolomé fueron crucificados.  Mateo y Santiago (Jacobo), hijo de Zebedeo, asesinados a espada. Judas Tadeo, muerto por las flechas enemigas. Juan, de  muerte natural. Santiago, hermano de Jesús, apedreado. Tomás, atravesado por una lanza.

No ganaron fama ni gloria ni dinero ni sexo ni nada. Al contrario. ¿Por qué? ¿Por qué complicarse la vida con una mentira? El escritor Josh McDowell se pregunta: ¿Quién moriría por una mentira? Es cierto que hay gente que ha dado su vida por una causa falsa, por una mentira… ¡pero porque pensaba que era verdad!

¿Qué pudo suceder para que unos tipos que se sentían aterrorizados, decepcionados, fracasados y con la moral por los suelos de repente cobraran coraje y comenzaran a predicar a Cristo? ¿Qué pudo ocurrir para que el feroz anticristiano Pablo se convirtiera en el más ardiente cristiano de la noche a la mañana?

Si la resurrección de Jesucristo nunca hubiera ocurrido (si esto hubiera sido falso), los apóstoles lo habrían sabido. Por tanto, habrían muerto por una mentira sabiendo que era mentira. Totalmente ilógico. Sólo ver a Jesús resucitado de entre los muertos pudo infundirles el ánimo de volver a predicar aún a riesgo de sus vidas.

 

(Josué Ferrer es el autor del libro "Porqué dejé de ser ateo", así como de otros cuyas reseñas podéis encontrar en su blog)

 

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