La Biblia desde el siglo XXI

La hipocresía como estratégia en la lucha ideológica

18.02.2013 00:00

Cuando la incoherencia entre lo que se proclama y lo que se practica se convierte en una constante, o bien estamos ante inteligencias de muy bajo nivel, o justo todo lo contrario: inteligencias de muy alto nivel, pero con propósitos poco honorables.

Este es el pensamiento que aflora en mi mente cada vez que leo noticias sobre declaraciones, réplicas y contra réplicas de representantes o “voceros” de determiandos sectores sociales. Me refiero sobre todo a esas cuestiones que tocan aspectos éticos de la conducta con repercusiones sociales: abortos, homosexualidad, preservativos, anticonceptivos, transexsualismo, ... educación, modelos de organización social y familiar, cultura del ahorro o del consumo, de la subvención o la previsión etc.

 

Dado que en lo que sigue me referiré a los movimientos ultra-laicistas, primero debo aclarar que no estoy en contra del laicismo si por ésto se entiende la ideología que propugna separación real y efectiva entre la organización social del estado y la de las iglesias u organizaciones religiosas. Pero cuando el laicismo llega al punto de intentar acallar las manifestaciones de convicciones personales simplemente porque no están en la linea de sus propias creencias, sí me revelo por la hipocresía de semejante actitud. Hipocresía, porque es la pretensión de prohibir en los demás lo que es hábito en uno mismo. Esta actitud es una variante del refrán con el que se alude a menudo a cierto tipo de clérigos:  "Haz lo que digo, pero no lo que hago". La variante para este tipo de hipocresía más bien reza así:  "No hagas tu lo que yo practico a diario".

Los argumentos utilizados para cada ocasión se complementan para intentar anular socialmente las opiniones contrarias y salvaguardar las propias:

 

La táctica de acallar al contrario

Cuando se pretende acallar las ideas contrarias se argumenta de esta guisa: "En una sociedad láica es inadmisible la difusión de ideas religiosas", dando por supuesto que determinadas convicciones relacionadas con la forma de entender y llevar a la práctica el sexo, el orden familiar, los modelos de gestión personal, etc. son asuntos religiosos. ¿Porqué? Quizás debieran responder los que argumentan de esa manera, pero me temo que simplemente es porque no conviene al progreso de sus propias ideas, aunque en realidad suelen confundir a la opinión pública asimilando esas formas de entender la vida a las predicaciones de los púlpitos y a las interpretaciones de la Biblia u otros libros religiosos.

Pero bueno, en el fondo no les falta razón, pues el origen de las convicciones personales que rigen la vida siempre está en algún tipo de adoctrinamiento. Y esto para todo tipo de convicción: tanto adoctrinan las escuelas dominicales o colegios confesionales como los colegios llamados "laicos" o las asociaciones juveniles que fomentan ideas y hábitos de conducta bastante alejados de los que se pueden recibir en los campamentos cristianos o en los estudios bíblicos. Y cuando de adoctrinar masivamente se trata, es indudable que pocos medios son tan eficaces como los programas musicales y las series juveniles, en los que hay que reconocer que los sectores ultra-laicistas son verdaderos maestros.

Es una realidad; si hay personas con ideas... digamos... en linea con la ética bíblica,   es precisamente porque esas ideas fueron las que se cultivaron en sus mentes desde el púlpito, la Biblia, la escuela y la familia. Y es que, claro, ¿de donde van a venir las convicciones personales? Hasta ahora no nacen los bebé con implantes informáticos incluyendo las ideologías que marcarán sus vidas. Este no es un secreto para los ultra-laicistas. Bien saben que las mentes se cultivan y alimentan mediante criterios y valores adquiridos a través de la enseñanza, el ejemplo, la lectura y la práctica reiterada en entornos favorables a su aplicación (Véanse abajo algunos versículos en esta linea).

Ahí está el recelo de los ultra-laicistas. No es suficiente con separar la organización social del estado de las influencias de las organizaciones religiosas. En la medida que existan,  no ya organizaciones religiosas,  sino personas concretas que mantienen criterios y valores opuestos a los suyos, existe el riesgo de que esos criterios y valores puedan extenderse en la sociedad. Aunque "el saber no ocupa lugar", la gente que "sabe de determinada manera" sí ocupa lugar. Y más concrétamente: sus votos en las urnas electorales ocupan preciosos lugares que bien podrían estar decantados por otra ideoología. Y aún más riesgo todavía si esas personas hacen manifestación pública de sus convicciones y éstas acaban influyendo en otros. Esto ya son palabras mayores. No sólo suponen un impedimento para el avance de las ideas ultra-laicistas y su influencia social y de poder, sino que supone un riesgo real de retroceso, con la consiguiente pérdida de influencia social y política de aquellos que buscan colectividades totalmente al margen de cualquier idea de divinidad y transcendecia espiritual.

Bien sabía de esto Julio Anguita, al cual dedicamos un post hace tiempo a propósito de una declaraciones suyas en las que "se reconocía combatiente de la guerra de ideas en la que estamos inmersos". Pero bueno, aprovecho nuevamente para aclarar aquí que de Anguita tengo muy buen concepto, y no creo qué él se rebajase a utilizar estratégias tan arteras como las que comento en esta ocasión.

Así, pues, lo irremediable para los sectores ultra-laicistas es que ya existen personas en la sociedad con ideologías cristianas. Esa batalla ya la perdieron. Pero la guerra ideológica aún sigue.  Y la estrategia de acallar alcontrario para evitar el peligro de contagio a otros seguirá activa. No es más que el intento de anular socialmente a las personas con ideas contrarias: lo mismo que han practicado y practican regímenes totalitarios, sólo que con métodos menos drásticos.

Aquí no debiera acabar el post, puesto que falta tratar el otro argumento de los ultra-laicistas en la guerra de ideas, la otra máscara que utilizan en el escenario de esa guerra. Pero eso lo dejo para un siguiente post.

(Ir al siguiente post)

 

Algunos versículos sobre el "el origen de las convicciones":

Rom 12:2:

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Efe 4:11 -24

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

            Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su menteteniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo,  si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.

            En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

1ªPe 2:2 

Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,

2ªPe 3:1,2 

Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles.

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