La Biblia desde el siglo XXI

De mitos modernos y otras zarandajas.

04.04.2012 00:00

El año pasado comenté algunos párrafos de dos artículos publicados en "Investigación y Ciencia". No pretendía criticar sus contenidos, sino más bien  sintetizar y focalizar algunas ideas que contenían. Mi objetivo era mostrar lo fuera del contexto científico actual que está la vieja consideración de la ciencia como una especie de entidad “objetiva” y “omnipotente”, al punto de revelar los misterios de la existencia y conducirnos por los caminos de la justicia y la felicidad.

Es conveniente tener claro este punto porque la mayoría de ateos  (también incluidos los de hoy)  fundamentan y dogmatizan sobre sus creencias bajo el enfoque que les proporciona esa interpretación de la ciencia. Y como vimos en los artículos antes mencionados, ese punto de vista no es más que "otro punto de vista más". Además, como veremos en los extractos del artículo que os traigo hoy –también de "Investigación y Ciencia"-, ni siquiera es un punto de vista extendido entre los físicos profesionales.

El artículo en cuestión está firmado por el catedrático de filosofía de la ciencia Antonio Javier Dieguez Lucena.

Más de uno se llevará una sorpresa al leerlo, porque fuera del ámbito de los científicos profesionales está muy extendida cierta "visión" de la ciencia que el profesor Dieguez menciona, aunque de forma un tanto "colateral". El artículo se centra en contrastar el "realismo" científico con la postura contraria (el "antirealismo"), por lo que es entendible que el autor sólo mencione de forma anecdótica esa "tercera vía":  Sólo lo justo como para acentuar que ni siquiera el realismo científico considera seria esa interpretación "ingenua" de la "realidad", que como antes dije, es la base que sustenta la "fe " del "ateísmo militante" (Nota: El término "realismo ingenuo" no es mío, sino del mismo Antonio Dieguez).

Les dejo con algunos párrafos del artículo, y luego seguimos con lo de los mitos modernos:

(Nota: A fin de destacar las frases que muestran los aspectos que pretendo mostrar he incluido énfasis con negritas y redistribución de párrafos que no aparecen en el original)

Realismo científico. ¿Sigue el debate?

Antiguos problemas metafísicos, como la verdad y la realidad, replanteados a la nueva luz de la práctica científica.

( Por Antonio Javier Dieguez Lucena, en "Investigación y Ciencia" )

Si usted cree ___
___ que la ciencia tiene entre sus objetivos centrales descubrir algunas verdades acerca del funcionamiento del universo, incluidos sus aspectos no directamente observables, y considera que probablemente alcanza ese objetivo cada vez que se comprueba que la realidad concuerda con las predicciones arriesgadas y novedosas realizadas desde alguna teoría (que la luz se curva en campos gravitatorios, por ejemplo); ___
___ si usted cree que cuando un libro de física dice «el electrón posee carga eléctrica negativa», el mejor modo de entender esta frase es suponer que existe una entidad real, independiente de nuestras teorías, a la que hemos dado en llamar electrón, y que entre sus propiedades está el tener carga eléctrica negativa, entonces, ___
___ quizá no lo sepa, pero es usted un realista científico.
Y si es usted un realista científico, es muy posible que no sea usted físico ni filósofo.

Los físicos tienen buenas razones para no ser realistas, ya que una de sus teorías favoritas, la cuántica, es difícilmente compatible con el realismo. [...] Hay interpretaciones realistas de la mecánica cuántica, pero son minoritarias —si bien sus partidarios han crecido durante los últimos años—. El coste a pagar por ellas es la aceptación de acciones instantáneas a distancia entre dos partículas que han interactuado, universos que se bifurcan tras un acto de medición u otras rarezas ontológicas.

Las razones de los filósofos para no aceptar el realismo son más brumosas y variadas. [...]

[...] El realismo científico no afirma que nuestras teorías actuales sean completamente verdaderas o que se hallen tan cerca de la verdad total que no serán ya sustituidas en el futuro y que, por tanto podemos estar seguros de que el mobiliario del universo es el que la ciencia actual dictamina. [...]

[...]

[...] El realismo puede aceptar que no todas las teorías o hipótesis científicas han de ser interpretada de forma realista. [...] El antirrealismo, en cambio, suele sostener que todas las teorías científicas han de interpretarse de forma no realista, como meros instrumentos de cálculo, como ficciones útiles, como descripciones empíricamente adecuadas, pero no estrictamente verdaderas.

Otro malentendido frecuente consiste en identificar el realismo científico con el realismo ingenuo, es decir, con  la idea de que    nuestra mente es un receptor pasivo, un espejo de la naturaleza» y que   nuestras teorías científicas nos permiten acceder al punto de vista de Dios: una perspectiva única que   refleja la realidad tal cual es en sí misma.
Puede que en el pasado algunos realistas defendieran algo semejante —aunque en mi opinión seria difícil encontrarlos—, pero el realismo actual no tiene ninguna dificultad para reconocer el papel activo del sujeto y el carácter culturalmente construido de nuestros esquemas conceptuales. Puede admitir también que el mundo puede ser conceptualizado de muy diversas maneras, y que no existe la conceptualización perfecta. Solo que el realista no cree que eso impida un conocimiento genuino de la realidad.

[...]

El realismo científico se enfrenta, no obstante, a poderosas objeciones. Dos de las más citadas son la inducción pesimista y la infradeterminación de las teorías por la evidencia empírica. La inducción pesimista es una objeción de tipo histórico formulada en 1981 por el filósofo estadounidense Larry Laudan, hoy en la Universidad Nacional Autónoma de México. Laudan señaló una serie de ejemplos de teorías que tuvieron éxito y que, sin embargo, hoy consideramos falsas; la teoría geocéntrica de Ptolomeo, la teoría del flogisto, la del éter electromagnético... Laudan sostuvo que si tomamos estos casos del pasado, lo que cabe inferir es que también en el futuro el éxito de las teorías seguirá desligado de su supuesta verdad. O dicho de otro modo: no hay ninguna conexión necesaria entre verdad y éxito predictivo. [...]

La tesis de la infradeterminación, por su parte, sostiene que ante cualquier evidencia empírica que se nos presente es siempre posible hacer que ésta encaje con teorías distintas y mutuamente incompatibles, con lo cual no puede decirse que la evidencia empírica apoye la verdad de ninguna de esas teorías en concreto. Es, pues, siempre posible formular una teoría empíricamente equivalente a cualquier teoría dada, pero incompatible con ella sobre aspectos no observables. Puesto que ambas conducirán a las mismas predicciones, pero no podrán ser ambas verdaderas, ya que difieren en la ontología que postulan, la verdad no puede ser la explicación del éxito predictivo de esas teorías. [...]

[...]

 

Lectura completa en el número de Marzo de 2012 de la Revista "Investigación y Ciencia", página 38.

 

Los párrafos anteriores me han recordado el pasaje en el que Jesús aconseja retirar la viga del propio ojo antes de juzgar otros. ¿Cuantas veces no habré yo oído de labios de recalcitrantes y dogmáticos ateos tachar de desfasada y mítica la concepción de la realidad basada en la existencia de una supra-inteligencia sustentadora de toda la realidad que experimentamos los seres humanos?

David Christian, el autor de la soberbia síntesis del conocimiento de nuestra tiempo sobre los orígenes del universo, su historia, la de la tierra y la de la humanidad, no se abochorna de calificar su obra de "mito de creación moderno" ("Mapas del Tiempo", Editorial Crítica, Página 20).

Tras leer el artículo de Antonio Dieguez, ¿cómo no estar de acuerdo con David Christian? Está claro el escaso consenso que existe entre los mismos físicos respecto a cómo interpretar la infinidad de teorías que brotan de los planteamientos matemáticos aplicados a la física cuántica y a la cosmología. Así, pues, asumamos humildemente que cualquier esquema que pretenda explicar cómo es la "realidad" en los niveles subatómicos, o cómo haya sido el universo en su origen y en su devenir hasta nuestros días no deja de ser más que un "moderno mito de creación" capaz de satisfacer nuestras más profundas inquietudes intelectuales, pero con nulas posibilidades de representar la "realidad" de las cosas o de los hechos más allá de lo que podamos tocar, ver, sentir, oler u oír directamente por nuestros sentidos.

Y cuidado, que actualmente es muchísimo más fácil generar, alimentar y sustentar los mitos. Hace siglos sólo contában con los relatos y canciones de los trovadores, magos y sacerdotes. En cambio, hoy día es fácil mostrar "imágenes" y videos de lo que "está arriba en el cielo" y aun mucho más allá del cielo, en los confines del universo; y también de lo que hay en lo profundo de la tierra. Bueno, y hasta de lo que pueda haber en las "profundidades de la materia". ¿Quien no ha contemplado preciosas imágenes de lejanas galaxias, de supernovas, de agujeros negros, de partículas atómicas,... incluso de quarks, cuerdas y branas? Todas esas representaciones propias de la divulgación científica son generadas en laboratorios y con ordenadores con tal nivel de realización técnica, que no solo entendientes perfectamente las teorías científicas que presentan, sino que hasta olvidas que son meras teorías y acabas convencido de que la "realidad NO directamente observable por tus sentidos" es tal cual la presentan los medios al "pueblo  llano" . A veces olvidamos que infinidad de teorías "hiperdivulgadas" no solo están a espera de confirmación experimental, sino que incluso jamás podrán ser contrastadas con la experiencia; como la teoría de cuerdas, los multi-universos, o la misma teoría de la evolución [¡Ojo!, que yo soy evolucionista, pero es innegable que esta teoría jamás se podrá demostrar experimentalmente].

Como bien dice David Christian en la introducción de su obra: todas las comunidades humanas se han formulado preguntas tales como «¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿De qué totalidad formo parte?».  Ante esas preguntas, son los "mitos de creación" los que proporcionan las coordenadas universales en las que los "creyentes" (también los "creyentes" del ateísmo) imaginan su existencia y encuentran un papel en el gran esquema de la existencia. La fuerza de estos mitos radica en la respuesta que proporcionan a la profunda necesidad espiritual, psíquica y social de tener un lugar y ser parte de algo.

Pero claro, ninguna de las comunidades humanas califica sus creencias de mitos. La categoría de mitos sólo se aplica a las creencias de "los demás".  Y en este sentido, los ateos son de lo más pródigo: reparten esta categoría, la de "mito", a diestro y siniestro; pero sólo sobre las creencias de los demás. Para las suyas propias no reservan ni el más mínimo ápice de sospecha en ese sentido (¡Menuda viga tienen delante de los ojos!).
(En este sentido, léanse los post sobre "fe", "credulidad" y "falta de fundamentación" de las posturas ateas).

Concluyendo, y a los ateos me dirijo: "El que esté libre de "mitologías", que tire la primera piedra".

 

¡Ah!, que olvidaba dos pequeños apuntes (en previsión de malos entendidos):

El primero, para aclarar que en absoluto pretendo minar el prestigio de la Ciencia ni del colectivo de soberbios profesionales que la construyen. Les admiro. Mi mayor anhelo hubiese sido desarrollar la vida profesional en algún campo de la física, teórica o experimental.
   Lo que sí pretendo, por un lado, es poner de manifiesto que no es posible fundamentar las tesis ateas lo que hasta el presente la ciencia ha conseguido demostrar empíricamente.
   Y supuesto que algún lector no esté conforme con esta afirmación (ya sabéis, no soy nada dogmático, y admito que desde otros esquemas mentales las cosas puedan verse de diferente manera), traigo a colación otra frase del catedrático Antonio Dieguez hacia el final del artículo que sintetiza la visión de Larry Laudan sobre este asunto: “... no hay ninguna conexión necesaria entre verdad y éxito predictivo”. Así, pues, aún suponiendo que fuese viable argumentar razonablemente las tesis ateas sobre alguna teoría de reputado éxito predictivo, esto no implica necesariamente la verdad de esas tesis, puesto que las conclusiones nunca pueden ser "más verdaderas" que las premisas sobre las que se fundan.

Y el segundo, por si alguien piensa que poner a los ateos en el saco de "los creyentes en general" es rebajar el nivel del cristianismo. Con la palabra "fe" se abarcan muchas facetas de un mismo fenómeno. Y en lo que respecta a ésta faceta que todos los  humanos compartimos, lo más importante no es la fe,  sino el fundamento de la  misma. Y tras él, la confirmación que la experiencia te otorga cuando enfrentas la realidad "desde" la perspectiva de esa fe bien fundamentada. En  esto, bien les convendría a los ateos aplicar el método científico. (Hablado de fe, te propongo que leas esta paráfrasis de Romanos 5).

 

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