La Biblia desde el siglo XXI

Crisis y hábitos, causas y efectos.

07.12.2011 00:00

Es raro el día que en las tertulias entre colegas del trabajo no surja el tema de la crisis financiera, la "prima de riesgo", el déficit del estado, los recortes sociales, etc. Y curiosamente, todos asumimos el papel de víctimas. Los responsables son los especuladores, los banqueros, las multinacionales... Hasta los gobiernos son vistos hoy día como responsables directos de nuestras desastrosas situaciones financieras nacionales (Recordad: al inicio, sólo se les achacaba a los gobiernos la escasa regulación que habían hecho de los mercados. Ahora ya se les ve como irresponsables manirrotos que se endeudaron hasta las cejas sin más previsión que la de que "sea otro el que apechugue más tarde con las deudas". Eso como previsión, porque como propósitos quizás no tuviesen otro que el de "comprar" votos con instalaciones y servicios que realmente no nos podíamos permitir por el nivel de riqueza del país.)

Estoy convencido que la mayor parte de lo que afirma el párrafo anterior es cierto. Pero creo que no es toda la verdad. Cuestiono si realmente los "ciudadanos de a pie" (trabajadores, profesionales, amas de casa, estudiantes, etc.) sólo somos victimas. Sospecho que también tenemos parte de la responsabilidad del estado de cosas al que hemos llegado. Y es que esta situación me recuerda un pasaje del Antiguo Testamento:

Yahvé descendió en la nube y, poniéndose allí junto a él, pronunció el nombre de Yahvé, y, pasando delante de él, exclamó: “Yahvé, Yahvé; Dios misericordioso y clemente, tardo a la ira, rico en misericordia y fiel, que mantiene su gracia por mil generaciones, y perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, pero no los deja impunes, y castiga la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación.”
Éxodo 34:5-7, Versión Nacar Colunga

Cuando me iniciaba en la lectura de la Biblia éste era un pasaje que me producía desasosiego y recelo. Aún leyendo en el AT, no me imaginaba a Dios vengándose sobre hijos, nietos y biznietos. ¡Pobres criaturas inocentes! ¡Ser castigado por los actos de sus padres!

Tuve este pasaje en la recámara de mis inquietudes hasta pasados bastantes años, cuando leí un artículo de un sociólogo (lamentablemente hace muchos años, y no tengo las referencias). Aquel sociólogo mantenía que para cambiar lo costumbres arraigadas socialmente se precisan unas 4 generaciones.

¿Y mientras tanto? ¿Qué pasa con las generaciones intermedias?  Sencillamente, siguen practicando los hábitos de sus padre, abuelos, bisabuelos; aunque eso sí, cada vez de forma menos arraigada y confundidos con los nuevos hábitos que se vayan implantando.

Eso en lo que respecta a los hábitos practicados.  ¿Qué pasa con las consecuencias, positivas o negativas de esos hábitos?  Evidente: seguirán manifestándose en hijos, nietos y biznietos mientras no se hayan desarraigados por completo las prácticas que las provocan.

¿Cómo enlaza ésto con el pasaje de Éxodo? Veamos:

Si os fijáis bien en el pasaje, en el mismo texto presenta a un Dios que lejos de ser vengativo es misericordioso, pues el texto dice:

  1. Que  es "Dios misericordioso y clemente, tardo a la ira, rico en misericordia y fiel"
  2. "que mantiene su gracia por mil generaciones" , y...
  3. "perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado".

¿Entonces? ¿Cómo interpretar la frase "pero no los deja impunes"?

Por un lado dice que Dios es clemente y perdona, y en la misma frase dice que no deja impune la iniquidad, rebelión y pecado. ¿Contradictorio, o es que hay otra posibilidad?

A la luz del artículo del sociólogo, entiendo que no hay contradicción:

Es cierto que Dios perdona toda conducta que a sus ojos sea indigna del ser humano (lo que normalmente llamamos "pecado"). Esto, según la Biblia, Dios lo hace cuando hay arrepentimiento y abandono de la conducta indigna. Pero, atención: aunque la misericordia de Dios cubra el perdón, las consecuencias en la vida de los actos realizados no desaparecen; incluso aunque haya arrepentimiento y cesación en las conductas. Este ejemplo puede ayudar: Si violas, y la victima tiene un bebé, tras tu arrepentimiento, el bebé seguirá existiendo, y tú seguirás siendo responsable de su mantenimiento.

Así, pues, aún en el caso de que Dios perdone la culpa porque exista arrepentimiento, no habrá impunidad, cada persona sigue siendo responsable en la vida de las consecuencias de sus acciones. Si proyectamos esa "ley" a escala social, como sociedad padeceremos las consecuencias de los hábitos sociales mientras esos hábitos perduren entre nosotros, nuestros hijos, nietos, etc. Y aunque se produzcan cambios de conducta en ciertos individuos, para que estos cambios de conducta se extiendan por el resto de la sociedad se precisan muchos años, varias generaciones; probablemente hasta cuatro generaciones, como decía el sociólogo, confirma la lógica y establece Éxodo 34:5-7.

Volviendo a la crisis financiera

Volviendo a la crisis financiera y la corresponsabilidad social que a todos involucra: Por más que, quizás, tú no hayas practicado el consumismo y el endeudamiento desaforado, has de reconocer que socialmente ésta es una práctica muy extendida. ¡Hasta las vacaciones se pagan a crédito! Y lo cierto es que las cosas no han cambiado desde que se escribió el libro de Proverbios:  "El rico se enseñorea de los pobres,  y el que toma prestado es siervo del que presta." (Proverbios 22:7).

Al igual que con los individuos, así sucede con las naciones: la que toma prestado es sierva de la que presta. Como ciudadanos somos corresponsables de las "tropelías" que hayan podido cometer nuestros gobernantes. Y lo somos por dos motivos:

  • por un lado, porque los que elegimos son reflejo de los hábitos virtudes y vicios de la sociedad de la que han sido escogidos,
  • y por otro, porque somos nosotros, todos,  los que los elegimos y mantenemos en sus cargos.

(Lee este twit de Pérez reverte, y la serie completa aquí)

El vuelco electoral del 20-N puede ser interpretado como un "arrepentimiento social". ¡Ojala suponga también un cambio de conducta gubernamental! 

Pero aún así esto no implica que como sociedad no debamos asumir todas las consecuencias de las "malas prácticas" que se han venido aplicando. Y lo peor: no solo nosotros padeceremos las consecuencias, sino que nuestros hijos también las están padeciendo ya, y sus hijos seguirán padeciéndolas hasta que este país no cambie de forma de pensar y administrar sus vidas, ciudades, provincias y estado.  Y claro, hasta que se consiga pagar definitivamente las deudas.

Confío que pasado el tiempo, mis biznietos vivan en un país laborioso, rico e independiente económicamente y en condiciones de prestar a otros, si necesario; pero que nunca se haga siervo de capitales extranjeros.

¿Sueño irrealizable? No, si los valores bíblicos se derrama por las mentes de nuestros conconciudadanos.

 

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